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La movilizacion no puede ser solo asociarse

Fecha de publicación: marzo 2026 – Por Felipe Perrelli

No se trata de formar grupos de apoyo, sino de generar conciencia, corresponsabilidad y unidad en el testimonio.

La palabra movilización se ha utilizado con frecuencia en conferencias, congresos y campañas misioneras. Sin embargo, su significado original puede perderse en el camino. En muchos contextos, movilizar se ha convertido en sinónimo de convencer a las personas para que se unan a proyectos ya establecidos o contribuyan económicamente a causas específicas.

Pero la movilización misionera va mucho más allá. Es un movimiento espiritual y comunitario que impulsa a la iglesia a participar en lo que Dios ya está haciendo en el mundo. No se trata de formar grupos de apoyo, sino de generar conciencia: la conciencia de que cada discípulo de Cristo es parte activa del propósito de Dios para todas las naciones.

Repensar la movilización es, por lo tanto, un llamado a la madurez: de la cooptación a la cooperación, de la adhesión superficial a la participación significativa, de la urgencia numérica a la fidelidad relacional.

  1. El riesgo de confundir movilización con adhesión

En muchos contextos misioneros, la palabra movilización se ha utilizado para describir cualquier esfuerzo que resulte en la participación de más personas en un proyecto. El éxito se mide por la cantidad de quienes «abrazaron la causa», pero rara vez por la profundidad de la comprensión o la transformación relacional que se produjo en el proceso. Hemos reemplazado la movilización bíblica por una lógica de marketing, en la que el movilizador es visto como un vendedor de ideas y el participante como un consumidor comprometido. Este modelo puede generar movimiento, pero difícilmente genera madurez.

  1. Movilizar se trata de despertar conciencia, no de reclutar personal

La verdadera movilización misionera nace de la convicción de que cada miembro del Cuerpo de Cristo tiene un papel único en la misión de Dios. Busca no solo la adhesión, sino también la comprensión bíblica: la comprensión de que Dios llama envía y sostiene su obra a través de toda la iglesia. Como nos recuerda Ronaldo Lidório, el enfoque de la misión hoy se encuentra entre los pueblos más complejos en las regiones más complejas. Esto requiere más que recursos financieros: requiere discernimiento, alianzas y una fe madura. Movilizar, por lo tanto, significa educar para la obediencia misionera, no solo llamar a la acción.

  1. Entornos de interacción: de la cooptación a la colaboración

Al repensar nuestras prácticas, podemos reemplazar el modelo de adhesión por el de interacción. ¿Qué tal si creamos entornos de diálogo donde las iglesias, las agencias y quienes tienen una vocación descubran, juntos, cómo sus experiencias y dones pueden complementarse? En lugar de invitar a alguien a «unirse a nuestro proyecto», podemos preguntar: ¿Cómo se conecta tu vocación con lo que Dios ya está haciendo aquí? Este cambio de postura transforma al movilizador en un facilitador de conexiones, no en un reclutador de causas.

  1. Disminuir la velocidad para discernir

La prisa es enemiga de la comunión. Cuando medimos el éxito de la movilización solo por los resultados rápidos (nuevos socios, nuevas ofertas, nuevos viajes), perdemos lo que más importa: alianzas duraderas. Disminuir la velocidad no es parálisis; es crear espacio para la escucha, la confianza y la innovación. Sin esto, seguiremos reaccionando a las demandas de emergencia, sin sentar bases sólidas para la cooperación y la sostenibilidad.

  1. Sostenibilidad y vocación: El mismo desafío

El problema del apoyo misionero es, en gran medida, un problema de movilización. Mientras tratemos las contribuciones como apoyo a proyectos y no como participación en la misión de Dios, seguiremos sobrecargando a quienes están en el terreno y frustrando a quienes los envían. Necesitamos movilizadores que ayuden a la iglesia a pensar, no solo a donar, y misioneros que sepan compartir su vocación de forma educativa y relacional.

  1. El movilizador como discipulador

Movilizar es un acto pastoral. Se requiere escucha, discernimiento y valentía para unir visiones. Es tarea de quienes creen que el Espíritu habla a todos los hijos e hijas de Dios y que dos visiones unidas continúan promoviendo la unidad. La misión no es propiedad de una agencia, sino la obra colectiva de un Dios que llama a su pueblo a la cooperación.

  1. De la Difusión a la Movilización

Mucho de lo que hoy llamamos movilización es, de hecho, difusión. Presentamos proyectos, reservamos espacio para nuevos colaboradores y lo llamamos colaboración. Pero movilizar es mucho más que difundir: es generar conciencia, corresponsabilidad y unidad en el testimonio. Cuando la movilización es relacional, se vuelve educativa. Y cuando es educativa, produce frutos duraderos: en la vida de quienes van, de quienes envían y de quienes permanecen intercediendo.

Conclusión: Unirse para Fortalecer

La movilización misionera es una invitación a la comunión. Existe para visibilizar la unidad del Cuerpo de Cristo y afirmar que la misión no es un departamento, sino la razón de ser de la Iglesia. Unir es fortalecer. Y cuando fortalecemos las relaciones, proclamamos, juntos, a Aquel que nos salvó.

  • Felipe Perrelli es director ejecutivo de la Misión Evangélica BASE y coordinador nacional de Movilización de la Asociación Brasileña de Misiones Transculturales (AMTB).