MUJER SOLTERA Y MISIONERA; RETOS Y BENDICIONES

Y dijo Jehová Dios, No es bueno que el hombre este solo le haré una ayuda idónea para él

@Dr. Carlos Pinto, director adjunto de CIM-COMIBAM

INTRODUCCIÓN

Es preciso señalar que en el movimiento misionero latinoamericano el número de mujeres solteras es predominante. Las solteras han descubierto cómo su estado civil les ha facilitado o permitido ser portadoras al 100% del amor de Dios, en palabra y obra, en muchas latitudes de nuestra aldea global.

En los ambientes latinos, quizás más que notros contextos, las misioneras solteras se enfrentan a bendiciones y retos; estas vivencias tienen que ver con lo fácil que son aceptadas por sus colegas y las comunidades a las que sirven pues no las consideran una amenaza. Sin embargo, existen otros aspectos difíciles que las misioneras enfrentan, como la soledad y la melancolía, por no tener cerca de ellas a sus familias de quienes recibían afecto, emocional y físico, como abrazos y besos, al encontrarse y despedirse. Y también algunas pueden enfrentar un sentimiento de perdida cuando el reloj biológico les recuerda acerca de sus deseos matrimoniales y maternales, se dan cuenta que, cada vez, que la satisfacción de esos deseos es menos probable. Lo lamentable es que muchas veces no encuentran un espacio pastoral adecuado para procesar los sentimientos mencionados y terminan reprimiéndolo o negándolo, viviendo un duelo escondido.

El propósito de este artículo es fomentar conciencia para conocer particularmente las necesidades emocionales y sociales de las misioneras solteras para que los indicios a mencionar a continuación sean tomados en cuenta en las fases de reclutamiento, orientación pretrabajo de campo, trabajo de campo y retorno del mismo. El departamento de Cuidado Integral del Misionero de COMIBAM Internacional desea contribuir a este diálogo sobre esta temática importante ya que aún no se ha visibilizado al nivel requerido. Debo decir que no abrazo los principios extremos del movimiento feminista, pero sí creo que Dios creó al hombre y a la mujer otorgándoles igual valor, a su imagen y semejanza (Gen 1:27). Y en relación a la mujer ella tiene valor sea casada o soltera, la identidad de la mujer no tiene que siempre ser asociada a ser esposa o madre de familia aunque este rol en nuestra sociedad machista y patriarcal les da mayor valor (Norma Fuller 2004).

PERFIL DE LA MUJER LATINA

La familia latinoamericana sigue siendo el nicho principal donde el varón y la mujer se socializa en sus roles correspondientes. Aunque se están dando cambios sustanciales, en el núcleo de las familias tradicionales todavía se enseña a la mujer a ser pasiva, sensible emocionalmente, obediente y a ser la encargada de servir a sus hermanos menores, aún a los mayores. Por el contrario, al varón se lo socializa a ser independiente, violento, exigente y racional. Tenemos los famosos cuentos que leen las niñas, en su infancia, por ejemplo, “La Cenicienta” o “Blancanieves” que comunican la idea que su máxima aspiración en la vida es casarse y tener hijos para ser protegida por un varón y cumplir así con las expectativas sociales. Lamentablemente, esta socialización enseña erróneamente que el ser soltera es un estado incompleto de una persona.

Esta socialización provoca que la misionera piense que tiene que acatar todas las enseñanzas recibidas en el hogar; de esta forma, navega en su ciclo vital en las diferentes etapas de la vida, y, en algunos casos, algunas llegan al campo misionero llevando esta estructura mental desfavorable y distorsionadora del valor de sus seres como creación de Dios. Aún más, es triste admitirlo, pero la estructura de la iglesia reafirma la desvalorización de las mujeres, y, más aún, a las solteras. Sí, aún en las iglesias se enseña y práctica el doble estándar de trato cuando se trata de la mujer.

LA MUJER SOLTERA EN EL CAMPO MISIONERO

La paradoja que vive la misionera soltera es vivir entre la satisfacción del logro de servir a Dios y la frustración de no haberse casado y de no tener descendencia, esto puede presentarse en el 2do o 3er periodo de servicio. Esta aparente paradoja o contradicción no la experimenta en los primeros viajes de servicio misionero, pero sí surge al avanzar en edad. La tarea en esta etapa es que cobre un sentido positivo y realista al estado civil en el que se encuentra.

La tristeza y depresión puede surgir cuando la misionera soltera llega a pensar que su situación es injusta dando cabida al enojo. “Cómo puede Dios ser tan injusto conmigo, yo le sirvo y creo lo que su Palabra dice que no quiere que estemos solos y que nos creó para que el varón y la mujer sean una sola carne”, mencionaba una misionera que sentía soledad. Paulina Ríos Zapata (2012), en su artículo Percepción de la Soledad de la Mujer, indica que la soledad puede ser concebida como una condición negativa para quienes se perciben solos o se sienten aislados o excluidos de la red de apoyo social, como una experiencia negativa que le sobreviene a la persona cuando su red de relaciones sociales es deficiente, bien sea por su tamaño o por su calidad.

En el campo misionero, la soledad es sentida mucho más durante los fines de semana, o en los días cuando no hay actividades ministeriales. La misionera ve cómo las familias de su grupo equipo se organizan para realizar actividades lo que le provoca un sentimiento de aislamiento. En algunos casos, alguna vez le piden que cuide a sus hijos menores mientras los padres salen para reunirse con otras parejas, situación que provoca un aumento de su sentimiento de soledad. A su vez, es importante considerar que la soledad no es simplemente un deseo de compañía, cualquier compañía, sino más bien la ausencia de una relación muy específica e íntima.

La misionera, a veces, tiene que contestar preguntas como “¿Por qué no te casas?, o “¿Por qué no te has casado?”. Estas preguntas provocan presiones fuertes y difíciles de tolerar. Esto sucede mucho más en culturas donde se ve raro el que una mujer joven no se haya casado. También la mirada de los varones locales puede provocarles ansiedad y miedo, al preguntarse qué estarán pensando y mirando. Muchas veces se aconseja que es mejor salir con una compañera del equipo, aunque es importante considerar como saludable la necesidad emocional y social de querer ser independiente y salir sola.

Por otro lado, el demasiado involucramiento con las personas a las que se sirve llega a ser una forma de enfrentarse al sentimiento de soledad. Cuando se hace esto en extremo puede provocar una fatiga ministerial ya que la misionera no se da espacios de descanso y así no sentirse desconectada socialmente de los demás. Es necesario establecer límites y un balance entre ministerio y vida personal para no llegar a ser dependiente de otros o de las actividades del ministerio.

Finalmente, me anima ver que recientemente se ha comenzado a reconocer que la misionera soltera es una persona sexuada por haber sido creada así por el Maestro de la creación. Su ser sexual se manifiesta en diferentes situaciones y ocasiones lo cual es normal; los deseos sexuales son normales y naturales. La psiquiatra Debbie Hawker, consejera de misioneros, indica que es necesario distinguir entre deseos sexuales y pensamientos lujuriosos, éstos implican el desear y usar a otra persona para satisfacer su propio deseo sexual. Yo añadiría que desear ser abrazada, besada y acariciada por su pareja no es caer en pecado; más bien, es expresar el ser sexual que Dios ha creado en ella como un ser relacional. Es importante expandir el concepto de la sexualidad pues no significa solo genitalidad sino la necesidad de estar con una persona del sexo opuesto que provoca sentimientos y emociones de conectividad agradables emocionalmente. El que la misionera soltera sienta atracción por un varón es sexual, es un impulso fuerte, como diría Freud, pero no significa tener relaciones sexuales para ser sexual. El sentir la necesidad de estar cerca de alguna persona sea pareja o no, es ser parte de ser un ser sexual.

El deseo de amar y ser amado es parte de nuestra naturaleza. La mujer soltera y misionera no debe sentirse culpable ni avergonzada de tener esta necesidad. Dios nos ha creado con hormonas que justamente afloran en el contexto de las relaciones en las que nos involucramos. Estas hormonas influyen en nuestros comportamientos y Dios lo sabe porque así nos ha diseñado Él. La autocondenación no cabe en este caso. Caroline Simon (2012) en su libro “bringuing sex into focus” indica que parte del problema es que hemos separado la fe de la sexualidad, y lo que se necesita es más bien integrar la fe a nuestra sexualidad para que los sentimientos de vergüenza y culpa disminuyan. Personalmente, considero que hace falta un buen conocimiento de la teología sobre la sexualidad. Este es un campo de la misión en la que la iglesia cristiana evangélica debe estudiar y difundir.

RECOMENDACIONES

  1. Se debe enfocar en la reestructuración de la mentalidad de la mujer que se cree incompleta por no ser esposa y madre. Una gran porción de la orientación y acompañamiento a la mujer soltera en misiones pudiera ser usada en incrementar su autoestima al tratar de descubrir su relación en Dios.
  2. Se debe dialogar sobre la falsa idea que la mujer soltera y, más aún, la de mediana edad, no tiene una identidad propia por no haber casado y no tener descendencia.
  1. Se debe concientizar en la etapa de orientación que es probable que sentirá melancolía por su familia, y soledad por no tener una familia propia. Antes de salir al campo necesita aprender cómo interpretar su soledad y qué mecanismos debe usar para enfrentarse de manera saludable a este tipo de sentimiento; de lo contrario, el sentimiento de soledad puede tornarse en un factor de riesgo de que se desarrolle en depresión.
  1. Se debe instruir a la mujer a que deje de ser excesivamente sumisa, y a expresar en forma directa sus emociones sentidas en el campo si no es valorada o es percibida como una persona demasiado emocional. He observado esta situación especialmente en misioneras solteras hijas de pastores.
  1. Se debe dialogar sobre los efectos que ha provocado en las mujeres el haber crecido dentro de una cultura, familia e iglesia inconscientemente machistas y patriarcales. Se debe ayudar a la misionera soltera a que deseche la idea de que, por no haberse casado, siente haber fracasado; y debe dejar de pensar que porque no se ha esforzado lo suficiente, ella no tiene que autoculparse.
  1. La enseñanza de una correcta teología de la sexualidad se hace necesaria para evitar o disminuir la carga emocional de culpa y vergüenza que, sin motivo, la misionera soltera sufre en el campo. Es natural que la mujer soltera o casada sienta deseos sexuales porque es un ser sexual creado así por Dios.

@Dr. Carlos Pinto
Psicólogo clínico y de familia
Director adjunto del departamento de cuidado integral del misionero
COMIBAM Internacional
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BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
Barragán, M.A. (2003). Soltería: elección o circunstancia. Editorial Norma. Bogotá. Walters, M.; Carter, B.; Papp, P.; Silverstein, O. (1996). La red invisible. PAIDÓS. España.
Fuller Norma (2004) Jerarquías en jaque, Pontificia Universidad Católica del Perú.
Simon C. (2012) “bringing sex into focus”, Intervarsity Press, IL.
Zapata Paulina (2012) Perspectivas de la soledad en la mujer, Revista el Ágora